domingo, 13 de septiembre de 2009

Santa María Virgen (III)



3. Virginidad después del parto

Es dogma de fe el siguiente aserto:

María vivió también virgen después del parto.

El V Concilio universal (553) aplica a María el título glorioso de Siempre Virgen (ἀειπαρθένος); Dz 214, 218, 220. Cf. las declaraciones del Sínodo de Letrán (649) y de Paulo IV (1555); DZ 256, 993.

La Sagrada Escritura solo testimonia indirectamente la perpetua virginidad de María después del parto. La interpretación tradicional de Lc 1, 34 «Dijo María al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»


εἶπεν δὲ Μαριὰμ πρὸς τὸν ἄγγελον Πῶς ἔσται τοῦτο, ἐπεὶ ἄνδρα οὐ γινώσκω;

infiere de la respuesta de María que Ella, por una especial iluminación divina, había concebido el propósito de permancer siempre virgen.

Según interpretación más reciente, María, apoyándose en la concepción veterotestamentaria del matrimonio y la maternidad, entró en el matrimonio con una voluntad matrimonial normal. Cuando el ángel le anunció la concepción como un suceso inminente, ella objetó que no era posible, ya que antes de la conducción a casa no sostenía relaciones conyugales con su marido. Consta también indirectamente la virginidad perpetua de María por el hecho de que el Salvador, al morir, encomendase a su Madre a la protección de San Juan (Ioh. 19, 26: «Mujer, he ahí a tu hijo»), lo cual nos indica claramente que María no tuvo otros hijos fuera de Jesús

Los «hermanos de Jesús», de los que varias veces se hace mención en la Sagrada Escritura, y a quienes nunca se les llama «hijos de María», no son sino parientes cercanos de Jesús (cf. Mt 13, 55 con Mt 27, 56; Ioh 19, 25; Gal 1, 19. Lc 2, 7 («Y [María] dió a luz a su hijo primogénito») no da pie para suponer que María tuviera otros hijos después de Jesús, pues entre los judíos se llamaba también «primogénito» al hijo único. La razón es que el título «primogénito» contenía ciertas prerrogativas y derechos especiales (Hebr. 1, 6, donde al Hijo unigénito de Dios se le llama «Primogénito de Dios». En Mt 1, 18 («Antes de que cohabitasen») y Mt 1, 25 («la cual, sin que él antes la conociese»), se significa que hasta un determinado momento no se había consumado el matrimonio, pero sin que se afirme por ello que después se consumara (cf Gen 8, 7; 2 Reg 6, 23; Mt 28, 20).

4. Argumento teológico de Santo Tomás de Aquino.

Sobre las razones por las que la Santísima Virgen permaneció virgen después del parto, declara el Aquinate (al rechazar el «error de Helvidio, quien osó decir que la Madre de Cristo, después del parto, fue carnalmente conocida por José y que tuvo de él otros hijos):



  • Primero, porque eso rebaja la perfección de Cristo, quien, como según la naturaleza divina es el Unigénito del Padre (cf. Ioh. 1, 4) e Hijo suyo totalmente perfecto (cf. Heb. 7, 28), así también convino que fuese unigénito de la madre, como hijo suyo perfectísimo.

  • Segundo, porque este error injuria al Espíritu Santo, cuyo sagrario fue el seno virginal, en el que formó el cuerpo de Cristo; por lo que no resultaba decoroso que fuera en adelante violado por la unión carnal.

  • Tercero, porque eso va en detrimento de la dignidad y de la santidad de la Madre de Dios, que daría la impresión de una total ingratitud si no se contentase con un Hijo tan excepcional, y si quisiese perder espontáneamente, mediante la unión carnal, la virginidad que milagrosamente había sido conservada en ella.

  • Cuarto, porque el propio José caería en una suprema presunción en caso de intentar contaminar a aquella cuya concepción por obra del Espíritu Santo había conocido él mediante la revelación de un ángel.


Y, por tanto, es absolutamente necesario afirmar que la Madre de Dios, como concibió y dio a luz siendo virgen, así también permaneció virgen para siempre después del parto.»

14 comentarios:

ag.1953 dijo...

Le voy a contar un chiste, que quizá conozca.

Una chiquita vuelve a su casa después de un día de clase. La madre le pregunta que qué han estudiado, y la niña le responde que han tenido clase de religión. La madre le pide que le cuente que es lo que les han explicado y la niña empieza a relatarle que la monja de Religión les han hablado de un señor llamado Moisés, que sacó de Egipto al pueblo de Dios y que se dirigieron a la Tierra Prometida atravesando el desierto. Pero que al llegar al Mar Rojo pararon porque no podían cruzarlo y tenían al ejército egipcio pisándoles los talones. Entonces apareció un OVNI que se situó flotando en el aire en medio del mar, lanzó un rayo hacia las aguas y estas se separaron, al tiempo que dejaba seco el suelo para que pasara Moisés y su pueblo. El ejército del faraón también intentó pasar, pero además de apagar el rayo de luz que separaba las aguas, salieron varias naves pequeñas de la nave nodriza y se liaron a lanzarles rayos hasta acabar con el ejército.

La madre, asombrada, le dijo a la hija: ¿Eso es lo que os ha explicado la monja?... La niña contestó: No, mamá, yo te lo cuento así, porque si te digo como lo explicó la monja es que no te lo crees.

Pues eso, amigo Francisco.

Francisco Álvarez dijo...

Con todos los respetos, caballero: De humorista no se gana usted la vida.

Francisco Álvarez dijo...

Además, ese chiste es la expresión de un sinsentido. En efecto. Si la niña va a clase de Religión Católica es porque la madre la ha matriculado en dicha asignatura. Pero entonces es inmediato que la madre lo ha hecho por convicción propia, porque ella misma es católica y desea la mejor educación para sus hijos. Ahora bien, si es católica, debe conocer la Historia Sagrada veterotestamentaria y aceptarla tal y como se cuenta, con las intervenciones divinas extraordinarias sobre el Pueblo Elegido, narradas por la profesora de Religión Católica. Pero si la madre admite (por su Fe) precisamente eso que la profesora le ha enseñado a su hija, no tiene sentido alguno que la hija deforme lo aprendido bajo la excusa absurda de que la madre no creería lo que previamene ya cree. A no ser que la hija sea deficiente mental, en cuyo caso no se explica qué hace en una clase para personas normales. Se mire por donde se mire, su chiste es absurdo.

Saludos.

ag.1953 dijo...

Efectivamente. Como humorista no me gano la vida. Ni lo pretendo.

Amigo Francisco: Todos los chistes acuden al absurdo y a aparentes fórmulas semánticas sin sentido para expresar, en el fondo, un resultado real, o al menos, paradójico. Querer “analizarlo” en su exposición argumental desde un punto de vista racional, como si aquello que se cuenta respondiera a una realidad objetiva, si que es absurdo. En todo chiste, al margen de la trama o argumento que se utilice, que es meramente accesorio, lo que cuenta es la impresión que provoca, los dobles juegos de palabras, las alusiones, el desenlace, lo que, en fin, “se da a entender” en su hilarante paradoja.

Queda claro que usted no ha entendido el chiste y su intencionalidad. Aunque veo difícil, muy difícil, que una mente como la suya, imbuida en los dogmas católicos, y por lo tanto inalterables en sus contenidos desde el punto de vista de la fe, llegue a entenderlo, y mucho menos a aceptarlo.

Y lo que digo a continuación está expuesto con todos los respetos. No hace falta acudir al manido recurso de que ataco a los católicos y a su cuerpo dogmático-doctrinal. No deseo ofender gratuitamente y tampoco es mi estilo.

La exposición que usted hace sobre la virginidad de María, en todas las facetas de su vida, que está expuesta en la más pura ortodoxia católica, siendo dogma de fe establecido y por lo tanto exento de discusión, parece un chiste. Parece un chiste para cualquier mente racionalista, que, incluso, aunque siendo creyente, admitiese la singularidad del nacimiento del Hijo de Dios de una mujer humana, concebida en condiciones extraordinarias por la intervención de una de las tres personas de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo por más señas, necesariamente el himen de la venerable Señora tuviere que quedar intacto. Sin entrar en la polémica de si continuó siendo virgen el resto de su vida.

ag.1953 dijo...

(sigue) La ortodoxia católica asegura que “es necesario”. Que tan alta misión, desembocante en tan alto acontecimiento, nada menos que concebir y parir a un dios, necesita que todo se revista de una asepsia exquisita en cuanto a pureza de cuerpo y alma se refiere. Como si Dios necesitara de elementos accesorios que se acerquen, o se asemejen, a sus omnitodas cualidades. Vamos, que la probeta humana portadora de su semilla tenía que ser inmaculada (nunca mejor dicho) en todos los conceptos. No le sirve a Dios, por lo tanto, la sencillez de las criaturas que Él mismo ha creado, sujetas a leyes físicas que mueve todas las cosas en admirable armonía y de las que también es Autor. No, tenía que complicarlo… O más bien la complicación empieza a surgir en las cabezas de quienes por fe y buena intención, y en su ánimo de revestir tan magno acontecimiento de los elementos más extraordinarios posibles, se han dedicado a elucubrar y a añadir todo aquello que “dignificase”, desde el punto de vista de la perfección divina, algo tan simple y bello como es un parto normal, sin tener que acudir a la imaginería milagrosa ni a los hechos extraordinarios.

Es tradición de la iglesia, lo “dicen” y “apoyan” las escrituras, así lo confirma la patrística más prestigiosa, ha sido ratificado en sínodos y concilios… y punto. Y además, ciertos postulados de la ciencia cuántica (por decir algo) lo apoya. Así queda más moderno.

Si aun intentado “racionalizar”, dentro de la sencillez de las leyes físicas y sin salirse de ellas, la justificación del nacimiento de un hombre-dios, que después va a resucitar de entre los muerto, ya puede parecer un chiste, la manera en que aun lo sostiene la Iglesia Católica, de la que usted es un perfecto valedor y así lo expone en su entrada, va más allá aun.

Por eso la exposición del chiste: Porque ante un absurdo mayor, se expone otro menor, para que al menos sea más “creible”.

Amigo Francisco, se que no lo he convencido de nada. Que en román paladín, diría, que tiene ya los huevos pelados en este tipo de debates, y que no aporto nada que no sepa. Usted no va a mover ni una tilde de lo que dice el dogma porque este ya lo tiene enquistado en su cabeza. En todo caso, el equivocado soy yo, y es posible que incluso me compadezca por no tener las luces suficiente como para no darme cuenta de las verdades que encierra. Me licencié en Filosofía y Teología en el Instituto Gaudium et Spes, vinculado a la Universidad Pontificia de Salamanca. Y es posible que piense que en poco me han aprovechado. Según su punto de vista teológico si, es verdad. Pero yo no soy usted. Y puedo decirle que sí me fueron de provecho. Pero, claro, usted no es yo.

Reciba un fraternal saludo.

Francisco Álvarez dijo...

Le cœur a ses raisons, que la raison ne connaît point; on le sait en mille choses. Je dis que le cœur aime l'être universel naturellement, et soi-même naturellement selon qu'il s'y adonne[...] (Pascal, Pensées, 423)

_____________________________

Fue escrito:

Efectivamente. Como humorista no me gano la vida. Ni lo pretendo.

Amigo Francisco: Todos los chistes acuden al absurdo y a aparentes fórmulas semánticas sin sentido para expresar, en el fondo, un resultado real, o al menos, paradójico. Querer “analizarlo” en su exposición argumental desde un punto de vista racional, como si aquello que se cuenta respondiera a una realidad objetiva, si que es absurdo. En todo chiste, al margen de la trama o argumento que se utilice, que es meramente accesorio, lo que cuenta es la impresión que provoca, los dobles juegos de palabras, las alusiones, el desenlace, lo que, en fin, “se da a entender” en su hilarante paradoja.

Queda claro que usted no ha entendido el chiste y su intencionalidad. Aunque veo difícil, muy difícil, que una mente como la suya, imbuida en los dogmas católicos, y por lo tanto inalterables en sus contenidos desde el punto de vista de la fe, llegue a entenderlo, y mucho menos a aceptarlo.

_____________________________



1º.- Los chistes sobre cosas sagradas (al menos para quien es receptor del chiste y considera sagradas esas cosas) son de mal gusto y escasa cortesía, porque es trivializar (por ignorancia o mala fide) lo que constituye el fundamento existencial del interlocutor. Es peor que si se hace un chiste sobre la familia de uno. Esta es una execrable (y susceptible de erradicación, fuera de los límites de la libertad de expresión) costumbre. Un chiste ofensivo, despreciativo o minusvalorativo sobre las creencias religiosas (que, como Ortega y Gasset afirmaba, más que tenerse por uno son ellas las que le tienen y sostienen) ajenas, es como mínimo poco afortunado. Que a Fulano la Fe católica no le 'diga nada' (e incluso en la considere 'absurda' o sinsentido) no le da derecho a despreciarla o hacer escarnio, burla, ludribio o befa, públicamente, de la misma, por una análoga razón por la que Fulano no tendría derecho a mofarse de la familia de Mengano por el solo hecho de no compartir los lazos afectivos que a Mengano le unen con su familia. Burlarse de la Fe de más de mil millones de personas en todo el mundo es, cuando menos, un acto de racismo (en su cabal sentido etimológico) ideológico-religioso. Y una cosa es la discusión teológica (o antiteológica, dentro de los límites del respeto), y otra muy distinta tildar (sutilmente) de estúpido a alguien que no comparte sus 'racionales' ateístas (esto ha de verse, la 'racionalidad' tan monopolizada por los ateos, agnósticos o ciertos teólogos protestantes liberales desde el siglo XIX, de los que procede toda esta corriente desmitologizadora de la Escritura y desacralizadora) posiciones respecto de la trascendencia. Porque, por la misma razón que Fulano juzga extravagantes, prescindibles, etc., los asertos teológicos de Mengano, que constituyen su base existencial teorética, el fundamento racional de lo existente en la cosmovisión de Mengano, la ausencia de los mismos o su positiva contradicción o negación, en Fulano, no son (per se) más fundamentantes ni más racionales ni más 'defendibles' que los de Mengano, y por ese principio de praxis displicente respecto de lo no compartido, Mengano podría hacer escarnio de la impiedad de Fulano. Al fin y al cabo, ambos han de justificar su posición intelectual. Jamás sugeriría (ni veladamente) a un ateo o agnóstico (en adelante, ategnóstico) que es casi un estúpido, irracional o alienado intelectual porque no comparta lo que para mí es evidente, inmediato. Podré refutar su posición; pero nunca hacer chistes comparativos sobre su creencia-en-no (fe de sentido contrario), que no 'ausencia de fe'.

Francisco Álvarez dijo...

No me he referido personalmente a usted en el anterior punto, sino que he aprovechado su cita para mencionar una actitud hoy muy frecuente en España, entre los que no comparten la Fe católica (y lo manifiestan haciendo ludribio público de su desafección y/o desprecio, incluso con dinero de la misma procedencia pública, como aconteció con esa infecta y ofensiva muestra 'artística' pornográfica sobre personas sagradas del Catolicismo, que la Comunidad de Extremadura permitió e incluso defendió como una 'muestra de libertad de expresión artística' (casi al mismo tiempo que el actual Presidente del Gobierno pedía respeto por las creencias islámicas, ante una mucho menos ofensiva publicación de caricaturas en un periódico del norte de Europa, que los islamitas juzgaron blasfema); pero que no muestran con otras distintas, antes bien las respetan escrupulosamente).

Francisco Álvarez dijo...

2º.- Un chiste, caballero, constituye una caricatura o alegoría sutil de un hecho real, de una realidad, pero no hasta el punto de hacerla inidentificable. Si lo que pretendía (con poca fortuna y menor delicadeza) es afirmar la 'irracionalidad' (tan racional, producto de la razón humana, es el Cuento de Blanca Nieves y los Siete enanitos como la Teoría de la Relatividad, a no ser que usted me demuestre que la segunda se realiza con la razón, y la primera, con el estómago, por ejemplo) es afirmar que es tan poco creíble (por usted, porque me temo que muchos científicos y sabios a lo largo de la Historia, como Newton, por ejemplo, y hoy más de mil millones de humanos -se supone que ser católico no hace descender en la escala racional o 'evolutiva' al Homo sapiens sapiens que lo sea- no comparten su personal y minoritaria 'visión' de lo teológico católico) un dogma católico o todo el corpus dogmático católico, que una madre católica creería más el cuento de los OVNIS que lo que ella precisamente cree por ser católica, y que por eso la hija falsifica lo que la profesora de Religión le cuenta, pues qué quiere que le diga, pero me temo que no solo absurdo, sino absolutamente 'increíble' (y por supuesto, refractario a la hilaridad que genere) es la narración de su chiste, que dicho sea de paso he entendido perfectamente, en su 'pedagógica' intención. Se podría haber ahorrado usted el chiste y la pérdida de tiempo en su redacción y haber expuesto claramente su visión de la Teología Católica (siempre este, por supuesto, con el efugio de que es la que en este país ha sido históricamente más conocida y 'soportada', excluyendo los ocho siglos de dominación y esclavitud islámica): Algo tan absurdo, que es mejor creerse las memeces que J.J Benítez y su cohorte de iluminados vomita en sus 'libros', que dos mil años de racionalísima y argumentadísima Teología (no existe religión alguna que haya generado más argumentos y literatura científica que la Católica).

Puede usted quedarse tranquilo: He entendido perfectamente su 'chiste' y todos sus sutiles recovecos dialécticos. Pero no he querido entrar en el juego fácil de convertirlo en un argumento antiteológico, sin diseccionar primero la versión escrita del mismo, para hacerle ver su sinsentido, incluso como chiste.

Francisco Álvarez dijo...

_____________________________
Fue escrito:

La exposición que usted hace sobre la virginidad de María, en todas las facetas de su vida, que está expuesta en la más pura ortodoxia católica, siendo dogma de fe establecido y por lo tanto exento de discusión, parece un chiste. Parece un chiste para cualquier mente racionalista, que, incluso, aunque siendo creyente, admitiese la singularidad del nacimiento del Hijo de Dios de una mujer humana, concebida en condiciones extraordinarias por la intervención de una de las tres personas de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo por más señas, necesariamente el himen de la venerable Señora tuviere que quedar intacto. Sin entrar en la polémica de si continuó siendo virgen el resto de su vida.

_____________________________

0º.- Parece un chiste (para usted); pero dista mucho de serlo. Si conociese en profundidad las intimidades de la Física y la Matemática contemporáneas (sobre todo la producida desde principios del siglo XX: Relatividad Restringida, Relatividad General, Mecánica Cuántica, Teoría Cuántica de Campos, Teoría de Conjuntos, Lógica Matemática, Teoría de Cuerdas, etc.), se sorprendería de la ingente cantidad de cosas increíbles, contraintuitivas, de chiste, que contituyen verdaderas realidades. Y eso que le hablo de dos ciencias (las más perfectas, base teorética de las demás) que son epistemológicamente próximas a la humana razón. Cuánto más diremos cuando del Absoluto se trate: de aquello que supera infinitamente la potencia intelectiva humana. Es normal que cuando accedamos a un (infinitesimal) conocimiento del Infinito en Ser, y pretendamos capturar su inmarcesible riqueza ontológica en unos pocos conceptos de progenie racional humana (supraracional-humano no es equivalente a irracional o sinsentido), surjan aparentes paradojas (hace tiempo discutía con otro el concepto de omnipotencia divina) o se nos presenten realidades que nos parezcan 'de chiste' por su 'increibilidad'. Me temo que los que se tildan a sí mismos de 'racionalistas' (que no racionales, pues el racionalismo, ya superado, es una caricatura, deformación o exacerbación de la razón) padecen de una especie de prejuicio espistemológico tan profundo, que les hace rechazar (por falta de apertura intelectual, debido al rígido encorsetamiento al que someten su decimonónica razón, no evolucionada) realidades que solo en su alienada concepción de lo racional etiquetan de 'irracionales' (en todo caso, irracionalistas).

Excogita Pascal (Pensées, 188):

La derniére démarche de la raison est de reconnaître qu'il y a une infinité de choses qui la surpassent; elle n'est que faible, si elle ne va jusqu'à connaître cela.
Que si les choses naturelles la surpassent, que dira-t-on des surnaturelles.


Y enumerando tres defectos que podríamos denominar 'racionalistas', declara:

If faut savoir douter où il faut, assurer où il faut, en se soumettant où il faut. Qui ne fait ainsi n'entend pas la force de la raison. Il y en a qui faillent contre ces trois principes, ou en assurant tout comme démonstratif, manque de se connaître en démonstration; ou en doutant de tout, manque de savoir où il faut se soumettre; ou en se soumettant en tout, manque de savoir où il faut juger. (op. cit.,170).

Para concluir:

Soumission et usage de la raison, en quoi consiste le vraie christianisme (op. cit., 167).

La raison no se soumettrait jamais, si elle ne jugeait qu'il y a des occasions où elle se doit soumettre. Il est donc juste qu'elle se soumettre, quand elle juge qu'elle se doit soumettre. (op. cit., 174)

Francisco Álvarez dijo...

1º.- Es erróneo que un dogma de Fe esté 'exento de discusión'. Si así fuera, ni siquiera sería objeto de aprendizaje, discusión clarificadora o explicativa e incluso de defensa y apología, por ningún teólogo. Un dogma de Fe es una verdad que Dios mismo (explícitamente, en el dato revelado, o implícitamente, mediante su Iglesia) ha revelado al humano ser (normalmente autorevelado, pues la Escritura es en esencia la autorevelación de Dios al hombre). Dice algo de Dios mismo y lo divino, pero expresado en el falible, muchas veces anfibológico y siembre ambiguo lenguaje natural humano. Es casi la expresión de la cuadratura del círculo. El humano ha de expresar (y comprender) el Quién y el Qué del Infinito en Ser, mediante un discurso articulado con símbolos gráficos nacidos en interacción de este humano con una realidad esencialmente finita (la realidad material y la realidad inmaterial de nuestra propia autoconciencia). Y quien ha estudiado algo de Matemática (sobre todo, en cursos superiores) sabe cuán difícil es capturar la esencia de lo infinito con la falible razón humana, finita, pero abierta a lo infinito. Y si esto acontece con entes de razón infinitos (infinitos no ontológicos), como muchos matemáticos, ¿qué no ocurrirá al tratar con el Infinito Ontológico, que es Dios?

Si usted examina (sin prejuicios 'racionalistas', muy poco 'racionales', caricaturizantes de lo auténticamente racional) las explicaciones o razones de plausibilidad de Santo Tomás de Aquino sobre la 'racionalidad' (respecto de lo teológico) de la Virginidad perpetua de la Santísima Virgen María, debe asentir conmigo en la perfecta consistencia lógico-teológica de las mismas. No se pude expresar con más rigor conceptual ni con más consistencia lógica. Solo una lectura superficial de los argumentos del santo-sabio de Aquino impulsan a alguien a declarar 'de chiste' este excelso dogma de nuestra Fe y las explicaciones expuestas.

Pascal, nuevamente, proyecta luz.

Si on soumet tout à la raison, notre religion n'aura rien de mystérieux et de surnaturel. Si on choque les principes de la raison, notre religion sera absurde et ridicule. (op. cit., 173)

Francisco Álvarez dijo...

__________________________

Fue escrito:

(sigue) La ortodoxia católica asegura que “es necesario”.

__________________________

Su expresión es inexacta y redundante. En puridad, en doctrina teológica, no cabe hablar sino de ortodoxia. En efecto. Lo católico dogmático se define como el corpus de aquello que magisterialmente la Iglesia considera objeto de Fe. Ahora bien, si hay algo que contradiga al Magisterio doctrinal-dogmático de la Iglesia Católica (heterodoxo), en rigor no puede llamarse católico, sino anticatólico. Luego es una redundancia hablar de 'ortodoxia católica' (si es católico, es eo ipso ortodoxo, porque, si fuera heterodoxo, no sería en realidad católico). Solo un abuso del lenguaje permite hablar de 'heterodoxia católica'.
Y fíjese que no es propiamente el Magisterio, sino la explicación (por supuesto, cuajada de autoridad y sabiduría, insuperable, apodíctica) de un teólogo (el Príncipe de todos ellos), la que he expuesto, pues en las razones de conveniencia o adecuación de la Virginidad (verdad dogmática) de Nuestra Señora, expuestas en forma argumental, son (sin negar la propia verdad) de libre discusión. Si me adhiero a las de este genio-santo, es porque las considero insuperables, racionalmente hablando.

Pero es que hay más. Lo increíble es o lo que no se puede creer o lo que es muy difícil de creer. Pero ambas cosas no pueden aplicarse al dogma mariano, creído por más de mil millones de personas. Si fuera increíble, no podría creerlo nadie, en contra de la realidad. Y si fuera difícil de creer, lo creería, en todo tiempo y lugar, una minoría insignificante, lo cual ha estado casi siempre en contra de la realidad. Ninguna de estas dos cosas suceden; luego el calificativo de 'increíble', es gratuito y falaz.
Un chiste, para serlo, ha de reproducir una determinada realidad, hiperbolizando algunos de sus aspectos, mediante un juego verbal o semántico, pero siempre conservando, para su identificación con algo real, un núcleo de elementos veraces. Sin embargo, el 'chiste' por usted expuesto, adolece de esto último, pues no cabe que una madre católica 'crea' más, al hablar de lo que la define como católica, en los OVNIS que en lo que le hace ser católica. Eso, ni en chiste, tiene razón de ser. Por ello, ante su acusación de no haber entendido el chiste (su sentido 'chístico' o chistoso), nuevamente debo negárselo:

a) Porque si no lo hubiera entendido, no habría podido diseccionarlo para descubrir su falaz núcleo.
b) Porque es inmediatamente claro que lo que desea expresar circunloquialmente es la incredibilidad de la doctrina católica, apelando a una analogía con la incredibilidad de la acción extraterrestre.

Todavía más. Usted afirma ser absurda la Encarnación virginal del Verbo de Dios. Pero para afirmar eso, debe probarlo. Ser supra-racional no es equivalente a ser absurdo. Esto es, envolver o implicar contradicción. Una Virgen que sea Madre no es un absurdo lógico, aunque constituya algo extra-ordinario. Como no lo es una creación ex nihilo (propiamente de Dios), resucitar a un muerto, curar instantáneamente un cáncer, etcétera, todas ellas cosas al alcance de la Potencia Activa infinita de Dios (omnipotencia). Y, como le he demostrado, basta analizar las razones de conveniencia del dogma, para apercibirse de su perfecta consistencia interna.

Francisco Álvarez dijo...

____________________________

Fue escrito:

Que tan alta misión, desembocante en tan alto acontecimiento, nada menos que concebir y parir a un dios, necesita que todo se revista de una asepsia exquisita en cuanto a pureza de cuerpo y alma se refiere. Como si Dios necesitara de elementos accesorios que se acerquen, o se asemejen, a sus omnitodas cualidades.

____________________________


No. Lo ha expresado usted mal. No es que Dios (no 'un dios', pues solo puede existir realmente uno) necesite (o pueda necesitar) de elementos accesorios para hacer o realizar algo: si tal fuera, Dios sería un ser limitado, lo cual es incompatible con el concepto de Dios. No. Es que es más adecuado (lea reflexivamente las tesis del santo-sabio de Aquino) con la naturaleza divina (manifiesta el 'sello de la acción divina') que la concepción del Hijo de Dios (Hombre, por ser el redimido de la especie humana; y Dios, por ser el ofendido Dios mismo, luego requiriente de un Cordero Infinito, pero finitizado como Hombre. Le daré una razón de plausibilidad, racionalísima, de esta cuestión, invocando un ejemplo matemático de Topología General) se realizase en las entrañas purísimas (no holladas nunca por humano alguno, y con un carácter de extraordinariedad que evidencia la directa intervención divina, milagrosa, sobrenatural, etc.) de una Siempre Virgen, Inmaculada, Santísima (casi una Cuarta Persona de la Santísima Trinidad) Mujer. Toma Dios parte de la sustancia del Cuerpo de la Virgen (para que patentice la naturaleza humana, de la estirpe de David, del Hombre-Dios) y es Dios mismo (en su Tercera Persona) quien fecunda virginalmente (le ofreceré, en primicia, dos posibles explicaciones (o mejor argumentos de plausibilidad) esa Sustancia humana (para que realmente sea Hijo de Dios. Santo Tomás de Aquino, con el rigor y precisión casi matemáticos, habitual en Él, lo argumenta genialmente en varias de sus obras: Summa Theologiae, Compendium Theologiae, etc.).

El 'chiste', caballero, se lo parecerá a usted, quizá debido a una prejuiciosa y superficial lectura de los argumentos por mí presentados.

Francisco Álvarez dijo...

_________________________
Fue escrito:

Vamos, que la probeta humana portadora de su semilla tenía que ser inmaculada (nunca mejor dicho) en todos los conceptos.


_________________________


En efecto. Tenía que ser Inmaculada por la inmacularidad divina y la infinita Santidad de Cristo, que repugna a la razón fuera engendrado en un seno mancillado o corrupto (en su sentido cabal). Tenía que ser extraordinario (Virgen e Inmaculada) porque un hecho extraordinario (el mayor hecho extraordinario de la Historia) requiere en pura lógica signos, señales extraordinarias.

Si el Redentor debe ser Dios mismo, pero corporeizado (por ser el ofensor, Adán, ser corpóreo, humano, siendo el ofendido Dios mismo), necesariamente quien engendra debe ser Dios mismo (en su Segunda Persona), porque de lo humano solo nace lo humano, y dado que lo humano es constitutivamente finito, requiriéndose un Cordero Infinito, solo Dios, el Infinito Ontológico, es capaz de realizar ese prodigio, siendo de impecable lógica retributiva. Pero la Madre no solo va a serlo de un Hombre, sino de Dios (pues por lo expuesto antes debe ser también Dios ese Redentor Infinito). Ahora bien, como Dios es infinitamente santo, absolutamente incorpóreo, precisa de algo que, aun siendo humano, se aproxime a estas cualidades de santidad infinita e incorporeidad. Luego la Mujer que albergue en su seno al Hijo de Dios debe ser, en lógica, Virgen, Inmaculada y Santa (como así es), con lo que se representa o preserva la Santidad Infinita de Dios, pero recibida finitamente en la Criatura-Mujer; y la incorporeidad queda representada en la absoluta falta de concupiscencia de la Virgen (Los ángeles no sufren corrupción o transformación corpórea, por ser incorpóreos, como Dios) , de por vida, que la asemeja más a los ángeles que a un ser corpóreo. Y además siempre, pues eso es una representación (el 'siempre') de la Eternidad de Dios. Es también un símbolo real.

Sinceramente, caballero, hay teorías físicas que me convencen (y con-mueven) mucho menos (que poseen menor fuerza asertiva) que esta extraordinaria argumentación de progenie aquinatense.

Dios, como usted mismo reconoce, es Creador (ex nihilo sui et subiecti) del Universo y sus leyes. ¿No puede hacer, al Encarnarse, algo que quizá exija menos de su Potencia Activa Infinita, y manifestar (sellar, significar, ...) este único hecho histórico (Dios mismo historizándose) mediante signos extraordinarios, para que nos quede bien patente su origen divino? Quien hace lo más, hace lo menos. Helos ahí.

Alfredo M. A dijo...

Algunos ateos equiparan, sin más, creer en Dios a creer que existe el ratoncito Peréz, Caperucita, Bugs Bunny, etc, cuando es improcedente. No es lo mismo cualquier creencia, ya que cada creencia tiene sus grados de verosimilitud y/o motivos racionales. No es lo mismo creer en el universo ficticio de Harry Potter a creer que existe el Monstruo de Lago Ness; hablando objetivamente, es más verosímil creerse lo segundo que lo primero.

Pues bien, la religión católica presenta motivos muy creíbles (despejando prejuicios racionalistas) tanto que es una decisión racional adherirse a lo que dice ésta. Del mismo grado de racionalidad que tomar las pastillas que te receta el médico, creyendo que no son tu certificado de defunción si te las tomas, ya que hay motivos racionales (ver que las demás personas hablan de que es un buen profesional, que las enfermeras lo llaman "doctor", ver su título de una universidad prestigiosa, su buena fama, etc) para creer al médico, por su sapiencia y veracidad. Cuanto más cuando de trata de Dios.